El informe de Horizonte Laboral analiza cómo EsSalud llega al nuevo gobierno con un desequilibrio estructural: mientras la informalidad laboral limita su base de aportantes, el Congreso ha multiplicado durante los últimos años las obligaciones y beneficios que la institución debe asumir, casi siempre sin estudios actuariales ni fuentes de financiamiento definidas. El resultado es un sistema que gasta cada vez más en personal y planilla, pero que no logra traducir ese gasto en mejor atención para sus asegurados, quienes enfrentan tiempos de espera elevados y terminan cubriendo de su bolsillo buena parte de sus tratamientos.
A esta fragilidad financiera se suma una gobernanza inestable, con una alta rotación en la conducción de la institución en los últimos años. El informe concluye que el reto para la nueva gestión no es ampliar EsSalud ni destinarle más recursos, sino reordenar su gestión interna y frenar la expansión de obligaciones sin respaldo financiero, para que la seguridad social vuelva a ser un pilar confiable de protección para los trabajadores formales.